
El Álef-Tav
En el libro de Apocalipsis, Jesús dijo: «Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin» (Apocalipsis 22:13). Alfa y omega son la primera y la última letra del alfabeto griego, de ahí la declaración de «primero y último». Para el alfabeto hebreo (que se lee de derecha a izquierda), la primera y la última letra son álef y tav (את; o ʾt en transliteración). Por lo tanto, algunos predicadores e investigadores de internet afirman que cuando las dos letras álef y tav aparecen juntas en la Biblia hebrea, identifican a Jesús.
Por ejemplo, en Génesis 1:1 la Biblia dice: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra». Suena simple. Pero hay algo en el texto hebreo que no se puede ver en las traducciones al español (Figura 1). Justo antes de las palabras «cielos y tierra», el álef y el tav aparecen juntos en el texto hebreo. No se traducen en ninguna versión en español. La razón, según los creyentes del álef-tav, es que los traductores simplemente no saben cómo traducirlos.

Figura 1
Este ejemplo (entre otros) es la prueba, según muchos, de que el Antiguo Testamento pone de manera cifrada a Jesús en la creación del universo, de que posiciona secretamente a Jesús como el agente de la creación de Dios desde el principio mismo, algo que el Nuevo Testamento dice en varios pasajes (1 Corintios 8:6; Colosenses 1:16; Hebreos 1:2; Juan 1:1-3).
¿Acaso la presencia de estas dos letras hebreas realmente apunta a Jesús? ¿Acaso la doctrina del Nuevo Testamento sobre Jesús como co-creador con Dios se deriva de dos letras cifradas?
El Álef-Tav: No Hay Misterio
Las letras álef y tav en Génesis 1:1 no son un misterio para los traductores, ni para nadie más que sepa leer hebreo bíblico. No son el Jesús cifrado. Como explicará cualquier gramática elemental de hebreo bíblico, la combinación álef y tav es o bien una partícula gramatical que marca el objeto directo (el acusativo) en una oración, o bien una preposición. La primera es la explicación para Génesis 1:1. El álef y el tav marcan los «cielos y la tierra» como el objeto del verbo «creó» en la oración. Las dos letras no se traducen porque solo tienen una función gramatical. No deben ser traducidas.
Como ilustra la imagen de búsqueda en la Figura 2, esta «partícula acusativa» no traducida aparece casi 11,000 veces en la Biblia hebrea. Es muy conocida por los estudiosos y traductores del hebreo. Entienden exactamente qué es. No hay ningún misterio.

Figura 2
El álef y tav (את) tienen una partícula homógrafa en hebreo bíblico. Un homógrafo es una palabra que se escribe exactamente igual que otra, pero ambas son distintas. El hebreo tiene homógrafos, al igual que el español. Un ejemplo en español sería «banco» (asiento o entidad financiera). Son palabras completamente diferentes, pero se escriben exactamente igual.
El homógrafo de álef y tav es una preposición que significa «con» en la mayoría de sus usos. Un léxico de hebreo bíblico (un diccionario especializado) distinguirá los homógrafos con números para que las personas que buscan palabras sean advertidas de que la ortografía de una palabra que buscan es compartida por una palabra completamente diferente.
El Álef-Tav: Nada Sagrado
Ni la partícula álef y tav ni la preposición denotan nada sagrado (como Jesús). Otras lenguas semíticas (la familia lingüística de la que el hebreo es miembro) usan las mismas dos letras para marcar objetos directos o como preposición.
Las inscripciones hebreas que no tienen nada que ver con la Biblia tienen el álef y tav. Las lenguas de culturas que son «paganas» (por ejemplo, los cananeos) desde la perspectiva bíblica tienen el álef y tav (Figura 3).

Figura 3
Un ejemplo útil es la Estela de Moab (también conocida como la Estela de Mesa). Puedes ver cómo la partícula álef y tav marca el objeto directo en la línea 6 de la Estela de Moab (Figura 4):

Figura 4
Leyendo de derecha a izquierda, la palabra que sigue inmediatamente al álef y al tav es «Moab». La parte subrayada dice: «Y él dijo: ‘También oprimiré a Moab'». La palabra «Moab» es el objeto directo (marcado por la partícula álef y tav) del verbo «oprimir». Al igual que en el hebreo bíblico, el moabita usaba esta partícula para marcar una función gramatical. No se debe traducir.
El punto es que, si el álef y el tav identificaran a Jesús, sería bastante extraño tener el mismo identificador en la literatura pagana. El álef y el tav no tienen nada que ver con Jesús. Forman un simple y bien conocido marcador gramatical. La doctrina del Nuevo Testamento de que Jesús fue co-creador no puede ser criticada sobre la base de esta suposición errónea y defectuosa.
Recursos:
- Joüon, Paul, y Takamitsu Muraoka, A Grammar of Biblical Hebrew (Roma: Pontificio Istituto Biblico, 2003), 343 (§103k)
- Friedrich Wilhelm Gesenius, Gesenius’ Hebrew Grammar (Editado por E. Kautzsch y Sir Arthur Ernest Cowley; 2a ed. inglés; Oxford: Clarendon Press, 1910), 362 (§117.a)
- Humphrey H. Hardy II, «Whence come Direct Object Markers in Northwest Semitic?.» Journal of Semitic Studies 61.2 (2016): 299-318
- Charles R. Krahmalkov, «Phoenician ʾyt and ʾt,» Rivista degli Studi Orientali 66 (1992): 227–31
Link original: https://fringepop321.com/the-aleph-tav